Aunque el lavado del catéter pueda parecer una tarea más dentro de la práctica clínica habitual, constituye una parte esencial para mantener la permeabilidad de la vía y reducir el riesgo de complicaciones, como la oclusión o el fallo prematuro del catéter.
Además, realizar el lavado antes y después de la administración de medicamentos es una práctica firmemente recomendada, ya que ayuda a evitar el contacto entre medicamentos incompatibles y garantiza que se administre la dosis completa del tratamiento.